Vivimos acelerados. Rodamos en piloto automático. Es momento de detenernos, desabrochar la prisa, respirar y vivir con atención plena. No importa tanto lo que ocurrió ni podemos controlar lo que vendrá. Lo esencial es enfocarnos en el presente. Estar aquí, centrados en cada acción, por pequeña que sea, y saborear lo que hacemos es aprender a vivir con conciencia, porque solo existe el instante que respiras.

La mente es una herramienta poderosa, pero si no la tenemos de nuestro lado puede ser nuestra peor enemiga. Solo si sabemos tomar las riendas y controlarla será la mejor aliada. Yo la veo como un caballo fuerte y veloz que puede trabajar a nuestro favor o desbocarse y arrastrarnos al sufrimiento y a la enfermedad.

Ante las dificultades, mantener la calma es clave para afrontarlas y encontrar soluciones. Una forma sencilla, aunque requiere constancia, es la respiración consciente. Un ejercicio simple para volver a nuestro centro consiste en tapar la fosa nasal derecha con el dedo pulgar, inhalar profundo y luego exhalar lentamente por la boca. Repetir durante al menos tres minutos, idealmente diez.