La estabilidad internacional está en manos de un errático personaje de opereta que entre berrinches y rabietas tiene al Mundo descolocado e intentando bailarle el agua para evitar que nos mande a tomar viento. Recomiendo el peliculón The Apprentice, Oscars 2024. Impacta ver a un joven Donald al inicio de su carrera hacia el poder.

Lo más inquietante es que este fenómeno no entiende de fronteras. Tenemos un exceso de lideres que emplean técnicas marrulleras y practican intimidación, iniciando conflictos que luego gestionan sin otra voluntad que la
de hacer caja y ampliar su poder.

La diplomacia, antaño terreno de discreción e inteligencia, compite ahora con la inmediatez de las redes y un constante protagonismo de esta peña iluminada que corta el bacalao global. Copiando tendencia, a nivel nacional, la política se ha convertido en un reality show de bajo presupuesto. La ciudadanía asiste estupefacta a un espectáculo que ante la enorme capacidad para generar ruido produce hartazgo y desapego profundo.

La corrupción se ha normalizado amparada en un «y tu más» de patio de colegio, reflejando una distancia cada vez mayor entre quienes deciden y quienes sufrimos el statu quo. Salvo contadísimas excepciones, en todos los colores políticos impera una ineptocracia establecida cuyo principal objetivo es el de aumentar sus privilegios y prebendas, haciendo del yo me lo guiso, yo me lo como, su leitmotiv.

Somos víctimas del divide y vencerás. Padecemos una agresiva polarización orquestada de manera artificial con estrategias de distracción que machacan sin tregua perversas consignas. Demagogia de pacotilla que exige lealtad incondicional o atenerse a las consecuencias. El resultado es hastío y sensación de indefensión ante la obviedad de lo fácil que les resulta manipularnos.
Cualquier profesión, exige currículum que acredite capacidad para desempeñarla.

Ya nos vale con este conformismo ciudadano que permite que los partidos se nutran de cantamañanas sin oficio ni beneficio que van trepando dentro de sus partidos y acaban disponiendo de vidas y bienes. Imaginen al Paquita Salas de la Casa Blanca cantando aquello de «Pimpampum tengo una pistola, Pimpampum que dispara sola…». Qué miedito. Menos mal que el verano está al caer y ponerse cholas alivia el ánimo.