Fotografía / Elena de la Cruz

La carne llega limpia, despojada de historia, sin grito, sin latido. Se olvida que hubo un cuerpo antes del producto. Se consume sin mirar.

Ahora es carne procesada, pulida, lista para el consumo. Emblema de transformación: de vida a objeto, de cuerpo a costumbre, de muerte a silencio.

No duele porque no se ve. Pero sigue ahí…