Hay máscaras de pestañas y luego está The Curler de Yves Saint Laurent, que viene a hacerle la competencia al rizador sin pedir permiso. Su cepillo curvado atrapa las pestañas desde la raíz, las levanta y consigue ese efecto de mirada más abierta que a mí me pierde. Me gusta porque aporta volumen y definición sin dejar la pestaña convertida en un pequeño bloque de cemento.