Fotografía / Elena de la Cruz – Peluquería y maquillaje / Haridian Cedrés

Marta Mentado, psicóloga general sanitaria y formadora, es consciente de que muchas veces hablamos de querernos como si significara mirarnos al espejo y pensar que absolutamente todo nos encanta. Y no es así. «Quererse es cuidarse, escucharse, respetarse y permitirse transformar aquello que, de manera consciente, queremos mejorar», subraya la también directora de Kai Clinic, para añadir que «podemos aceptar nuestro cuerpo y al mismo tiempo querer entrenarlo, tatuarlo, maquillarlo, cambiar nuestro pelo o recurrir a un tratamiento médico-estético». El problema, sostiene la psicóloga, no está en cambiar algo en el cuerpo, sino desde dónde lo hacemos: «No es lo mismo cambiar desde el rechazo (necesito hacerlo porque si no, no valgo o no soy suficiente) que hacerlo desde la libertad para obrar porque me quiero y me apetece».

Comenzó en el mundo de menores en protección, pero después de varios años, dio un giro profesional para centrarse en la problemática de las personas adultas, la ansiedad, parejas… Entonces, apareció, sin pensarlo, el mundo de la estética y entendió que no podía hablar de bienestar ignorando la relación que mantenemos con nuestro cuerpo.

Kai Clinic nació precisamente de esa visión integral. Psicología, Psiquiatría, Nutrición, Medicina Estética y Cirugía pueden parecer disciplinas muy diferentes, pero para Mentado parten de una misma pregunta: ¿qué necesita una persona para sentirse bien consigo misma? Por eso, defiende un cuidado consciente en donde mejorar algo de nuestro cuerpo puede ser perfectamente compatible con aceptarnos y que el cambio no siempre solucionará nuestras inseguridades.

En cuanto al límite saludable entre querer mejorar el aspecto físico y la obsesión por la imagen, apunta que no se determina por el número de tratamientos realizados, sino por la relación psicológica que una persona mantiene con ellos: «Me preocupa cuando la apariencia empieza a ocupar demasiado espacio mental: mirarse constantemente al espejo, evitar situaciones sociales por un supuesto defecto, nunca aceptar ningún resultado o creer que solucionando una determinada característica física se resolverán todas las trabas personales». En este sentido, subraya que «una intervención estética saludable debe aportar bienestar, no convertirse en la condición necesaria para sentir afecto». Así, dice que cuando el cuerpo deja de ser una parte de nuestra identidad y se convierte en nuestra identidad completa, existe un problema.

Cómo influye la insatisfacción corporal en la autoestima de una persona es otra cuestión que aborda Marta Mentado. Para ella, el objetivo psicológico tiene que enfocarse a que nuestro amor propio no dependa de lo que devuelve el espejo: «Una persona puede querer mejorar determinadas características físicas y tener una autoestima saludable».

Ideales estéticos

Las comparaciones con los ideales estéticos también están sobre el tapete. Para Mentado, «esta equiparación nunca puede ser justa, pues nos enfrentamos a cuerpos iluminados, posados, editados, con filtros o incluso creados con IA. Además, existe una paradoja: conocemos perfectamente nuestros defectos porque nos vemos todos los días, mientras que de otras personas observamos solo lo bueno que deciden enseñarnos. Estamos comparando nuestro detrás de cámaras con un escaparate manipulado».

Ante esta realidad, aconseja trabajar el diálogo interno para ampliar nuestra identidad: «Preguntarnos, además de mi apariencia, ¿qué cosas me definen?, ¿qué hago bien?, ¿qué aporto?, ¿qué relaciones tengo?, ¿qué valores me representan? Cuando toda la validación está relacionada con la apariencia, aunque sean comentarios positivos, se infiere que la belleza es una de las principales monedas sociales. Hay algo mucho más importante que decir «eres guapo» o «eres guapa». El valor de una persona no depende de la belleza exterior. Debemos elogiar, la creatividad, el esfuerzo, el sentido del humor, la inteligencia, la generosidad y la capacidad de resolución».

Otro tema delicado es cómo abordar cuidarse, pues la salud, dice la directora de Kai Clinic, no debería convertirse en una perturbación anímica: «En nutrición, como en estética, en psicología… defendemos trabajar desde el bienestar y no desde el castigo, la restricción o la obsesión». Al respecto, agrega, que «una clínica responsable no debería medir su éxito únicamente por el número de tratamientos que realiza, sino también por aquellas intervenciones que conviene no realizar. Ahí se demuestra la ética de una clínica. No todo lo técnicamente posible debe hacerse. Puede haber expectativas poco realistas, una percepción corporal alterada, una motivación externa, como hacerlo por una pareja, una situación emocional que no sea adecuada o una petición que clínicamente no vaya a favorecer a esa persona».

El paso a la cirugía

En sintonía con la aceptación corporal que significa poder mirar el cuerpo sin convertir cada imperfección en un juicio sobre la propia valía, Marta Mentado sostiene que cuando existe una motivación estable, expectativas realistas, información suficiente y una correcta valoración médica, el paso a la cirugía es algo positivo. Además, asienta que quienes tomen la decisión deberían preguntarse algo muy sencillo: «Si nadie fuera a ver el resultado, ¿seguiría queriendo hacerlo?». Para la psicóloga es una pregunta interesante porque «ayuda a identificar cuánto pertenece el deseo a uno mismo y cuánto depende de la mirada externa».

La cirugía, sin duda, puede producir cambios deseables en la calidad de vida de determinadas personas, pero debe entenderse, remarca Mentado, «como una herramienta, no como una solución universal». Por eso, añade, «en nuestra Clínica hemos incorporado un protocolo de psicología para determinar las expectativas y que estas sean acordes a la realidad. Así, conseguimos personas más seguras y satisfechas de sus resultados».

La belleza

La directora y psicóloga de Kai Clinic defiende que debemos dejar de entender la belleza como una meta a la que llegar «porque siempre habrá alguien más joven, con más altura y delgadez, con otra piel, otro cuerpo o unas características diferentes. «Si nuestra tranquilidad depende de ganar permanentemente esa comparación, estamos destinados a perder», asegura.

Para ella, el concepto de belleza saludable tiene mucho más que ver con sentirse bien en la propia identidad, en tu propio cuerpo: «Podemos cuidarnos, entrenar, maquillarnos, someternos a tratamientos, envejecer, cambiar y volver a cambiar sin que nuestra autoestima se vea vulnerada».

Mentado no vacila un ápice. Sabe que la guapura es auto, «depende de mí y de nada externo a mí, ni mi belleza física, ni la aprobación social. Es interno. Y esta es probablemente la filosofía que mejor resume lo que intento trasladar».

En Kai Clinic, reitera, «no defendemos perseguir la perfección. Defendemos el derecho de cada persona a cuidarse, a mejorar aquello que libremente decida mejorar y, al mismo tiempo, comprender que su valor nunca puede medirse en un espejo. Cuidarse por fuera y cuidarse por dentro no son conceptos opuestos».

El equipo de Kai Clinic

Zuleima Rodríguez, Atención pacientes; Belén Alemán, médica estética; Oliver Doebler, cirujano plástico; Ángel José Nazco, médico estético;  Jéssica Báez, directora de cirugía; Julián José Castillo, cirujano plástico; Sonia Marina Cabrera, esteticista; Nayara Ruiz, Atención pacientes, y Marta Mentado.