Fotografía / David Zamora – Creadora del muñeco / Juliana Serrano

Cuentan las tórtolas que, hace mucho tiempo, una joven llamada Alicia se adentró en un bosque donde la ilusión florecía antes que la verdad. Allí encontró a una extraña criatura. Sus garras herían, pero ella las creyó alas. Sus colmillos asustaban, pero ella los confundió con sonrisas. Así obra el hechizo del amor: no cambia al monstruo, sino a los ojos que lo contemplan.

Pasaron las estaciones y el encanto se desvaneció como el rocío al amanecer. Entonces Alicia vio, por fin, al monstruo que había estado contemplando. Desde aquel día, las tórtolas repiten a quien quiera escucharlas: «Solo la ilusión es capaz de embellecer aquello que puede rompernos».