Fotografía / Elena de la Cruz
Hay momentos en los que la moda deja de ser solamente algo que nos ponemos para convertirse en una forma de sentir y habitar el Mundo. Eso es exactamente lo que ocurre al descubrir el trabajo de Francisco Luque, alma creadora de la firma GalloBuey,
Su propuesta, integrada en el programa Tenerife Moda, es una auténtica declaración de intenciones, un gesto donde el diseño se acerca al arte conceptual y a la ingeniería para transformar el acto de vestir en una elección personal de quiénes queremos ser.
La relación que tiene con el universo textil no nació de un camino convencional, sino de su faceta como docente e investigador en logística. Natural de Málaga y formado técnicamente en Barcelona, su experiencia en grandes infraestructuras textiles le permitió identificar el gran problema de la industria, basada en la rentabilidad y el gran volumen a costa de la ética. Así, decidió cambiar las normas y usó su creatividad en la tecnología aditiva y en la impresión 3D para crear piezas de joyería y accesorios. De la mezcla de su horóscopo asiático y el de su mujer (gallo y buey), nació el nombre de la firma, una marca que hoy abandera la moda lenta, la innovación y el vertido cero de residuos.

Lo que diferencia a GalloBuey en el panorama actual es la fusión perfecta entre la tecnología innovadora y la manufactura artesanal. Su proceso no se reduce a pulsar un botón. Tras idear el boceto y modelar la volumetría en 3D, las impresoras trabajan hasta 36 horas en la creación de cada pieza bajo una supervisión constante, para después finalizar en un meticuloso ensamblaje hecho a mano.
Inspirado en la arquitectura que desafía la gravedad, Francisco Luque crea atemporales formulados bajo la filosofía zero stock: las máquinas solo se encienden cuando existe un pedido. Para comprender la belleza de este enfoque, hay que entender una nueva forma de artesanía donde la innovación no aleja al producto del origen, sino que lo transforma y lo vuelve más personal.
Y si hablamos de cuidado por los detalles, el bolso Dádiva es la pieza más destacada de la temporada. Su forma se inspira en los frascos de perfume antiguos de los años ochenta del siglo XX. Tiene volumen y se mueve como una escultura. Gallobuey demuestra de esta forma que el verdadero lujo no necesita ruido, sino que se reconoce en la pureza de sus formas y en la elegancia de quienes eligen ahora habitar el futuro.
La propuesta Slow Love, por su parte, rinde tributo a las historias construidas con calma e intención. Elaborada bajo pedido con polímeros bicolores de origen cien por cien vegetal en acabados RedNoir, da lugar a piezas como el anillo Loto y la pulsera Amura, talismanes concebidos para perdurar en la memoria táctil de quien los lleva.
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