Fotografía / Nuria Machado

Tu historia empieza antes que tú… «Total. Mi madre vino de vacaciones a Tenerife en 1976 y se quedó. Montó varias boutiques cuando aquí no había casi nada. ¿Recordarás Fiorucci?».

¡Claro! «Pues yo crecí en ella, entre perchas».

¿Y te gustó? «Para nada. Yo era más de maleta que de tienda».

Por eso, cuando pudiste, cogiste el avión… «Así fue. Estudié en varios países. Y esa fue mi mayor herencia: ver Mundo, hablar cuatro idiomas y tener la mente abierta».

¿Cómo te fue? «No paré. Eso sí, en 1991 me fui a estudiar Turismo a París y me enamoré de un francés. Luego, en 2009, estuve en Venecia un tiempo con mi padre».

Aun así, acabaste en Santa Cruz en esto de la moda… «La vida, querida Úrsula. Tras la pérdida de mi madre, decidí quedarme con su última tienda, ahora Atelier 22».

¿Qué tienes que engancha tanto? «Dicen que tengo ángel. Yo creo que es cercanía, sinceridad… y saber lo que le va a cada persona. Al final, las clientas se convierten en amigas. Algunas hasta me traen tapers con cosas ricas».

Y tienes estilo, Chiara. Lo llevas en la sangre… «Gracias, Úrsula».

Ciao, bella!