El restaurante Bésame Mucho, sobre la playa de Troya en Playa de las Américas, me transporta a mi infancia y a los momentos que compartía con mi abuelo, quien solía cantarme la famosa canción mexicana de Consuelo Velázquez. Esta vez, disfruté de un menú excepcional a cargo del chef italiano Michele Princiotta. Se trasladó a Tenerife en 2009 y se le reconoce por su excelencia en pescado y marisco. Durante ocho años fue jefe de cocina en el Hotel Bahía del Duque, donde lideró cinco restaurantes y la cocina de las Villas.

El día fue simplemente perfecto, pero más allá del espectáculo natural, lo que realmente hizo que todo cobrara vida fue el menú que nos esperaba. Comenzamos con un aperitivo de pan crujiente, una pequeña bruschetta con atún rojo y caviar de Siberia. La combinación explotó en frescura y sutileza. Luego, cautivó un ceviche clásico con leche de tigre, acompañado de ají, millo, batata y semillas de granada. No obstante, la grandeza vino con la ensaladilla de papa negra con mayonesa aliñada con lima y piparras, junto a un crujiente bacalao laminado. Fue una obra maestra, una danza armónica de texturas y sabores.

Después disfrutamos con el plato fuerte de la casa: paella de carabineros de La Santa (Lanzarote). El arroz, de la marca Molino Roca (excepcional), tenía una socarrat suave y sedosa, acompañada del jugo de las cabezas de los carabineros, al fuego solo tres minutos. Nos deleitamos, entonces, con la esencia del mar. Finalizamos con un flan de huevo con toque de miel de palma y quesillo. El final perfecto para una experiencia que, difícilmente, olvidaré.

Acompañamos con Los Loros, un listán blanco del Valle de Güímar. Armonizó a la perfección con cada bocado, como una melodía suave de fondo marino.