De la mano de la editorial Hiperión y la Viceconsejería de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, acaba de ver la luz No existen jerarquías, una antología poética que nos trae de vuelta a Luis Feria (Santa Cruz de Tenerife, 1927- 1998), uno de los mejores poetas del siglo XX.

Luis era alérgico a las distinciones. Quiso que le concedieran el Premio Canarias de Literatura (fue en 1993), porque la dotación económica le venía bien para pasar sus últimos años, pero se negó siempre a participar en saraos literarios o actos. Ni siquiera concedía entrevistas. Yo lo intenté varias veces, hasta que me amenazó con que se enfadaría conmigo si volvía a insistir. Cuando en 1991 fue finalista del Premio Nacional de Poesía, recuerdo, porque me quedé perplejo, estar en su casa y sonar el teléfono. Era un periodista del periódico El Mundo solicitando entrevistar a Luis Feria. Luis, tan tranquilo, engañó al periodista, delante de mis narices, diciéndole que Luis Feria no se encontraba en casa y que no sabía cuándo volvería.

Era socarrón e irónico, a menudo malhumorado, pero, al mismo tiempo, un ser fascinante, con una cultura tremenda y, además, en varias lenguas (de joven trabajó como traductor de artículos para el Reader Digest). Una vez me sorprendí porque lo vi leyendo un tomo de la famosa enciclopedia Larousse. Me dijo que se había cansado de leer libros de literatura, que eran muy malos, pero que, sin embargo, leer las diferentes entradas de todo tipo de disciplinas de la enciclopedia le gustaba y entretenía.

En su casa, por encima del hotel Mencey, nada más entrar y subir las escaleras, había una salita pequeña donde se sentaba en un sillón a leer. Era un recibidor. Una vez me mandó a callar, pidió silencio y se quedó mirando a la pared, una pared en la que no había nada, ningún cuadro ni nada. Víctor, ¿no las ves?, preguntó. Yo miraba hacia la pared sin ver nada, salvo pared. ¿Qué tengo que ver, Luis?, pregunté desubicado. Las palabras, las palabras, en la pared. Para escribir poesía hay que ver las palabras, dijo. A Luis Feria habrá que reivindicarlo siempre, porque mientras la inmensa mayoría de los poetas de su generación empequeñecen, salvo excepciones como Manuel Padorno, Luis se hace grande en su propia aventura solitaria.