Fotografía / Elena de la Cruz
Megan Tyler (Santa Cruz de Tenerife, 2001) recibió desde niña amplia formación en baile, música y teatro. Luego, durante la adolescencia, cursó un bachillerato de artes escénicas en Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Durante esa etapa participó en obras de teatro, musicales y competiciones nacionales de gran prestigio que consolidaron su vocación. «Desde la primera vez que subí a un escenario fui consciente de que me transmitía un propósito ilusionante. Además, también influyó el apoyo docente que siempre he recibido para proseguir en el mundo de la interpretación. Nunca me planteé hacer otra cosa», dice la joven actriz, que acaba de finalizar en Santander, con gran éxito, Las sombras de Catalina Bárcena, junto a Miriam Díaz-Aroca, Nuria Gallardo y Juan Gea.
Aunque ya ha participado en tres largometrajes, tres series de televisión y numerosas obras de teatro, considera que esta nueva oportunidad es un paso muy importante en su carrera: «Coprotagonizar Las sombras de Catalina Bárcena junto a un elenco de élite del teatro español fue un regalo. La obra es preciosa, con una dirección impecable por parte de un referente de la escena española, Román Calleja. La acogida ha sido fantástica y las criticas muy buenas, está siendo un sueño».
De madre tinerfeña (Rocío) y padre sudafricano (Gareth), admite que estas dos culturas le han dado una identidad muy abierta e internacional. Así, cree que es un privilegio estar integrada en culturas distintas: «Soy muy afortunada. La multiculturalidad proporciona herramientas muy valiosas para una actriz».
«La multiculturalidad proporciona herramientas muy valiosas para una actriz»
Tras los años de infancia en Sudáfrica regresó a Tenerife en 2020 y, claro (no había duda), se matriculó en la Escuela de Actores de Canarias. Luego, tras un curso en la Isla, completó los cuatro años de su formación dramática en Madrid en la Escuela para el Arte del Actor de Clara Méndez-Leite y Alberto Amman, centro con el que, en la actualidad, colabora como docente.
Inmersa ya en la vorágine de la escena, confiesa que la actuación requiere «mucho trabajo invisible, sacrificio y una gran capacidad para sostener procesos largos». Apunta que hacerse un hueco sin perder la identidad es todo un reto y que el glamur y las alfombras rojas maquillan una realidad en donde solo un porcentaje muy bajo alcanza el éxito. «Hay que tener un compromiso enorme con esta profesión para perseverar», afirma.
¿Cine, televisión o teatro? La elección no es dificultad cuando la pasión marca el camino. Por eso, estos tres formatos le encantan a Megan Tyler: «El cine y la televisión son medios que disponen de recursos maravillosos a la hora de compartir una historia. La fotografía, la música, los efectos especiales, la ambientación… El teatro, por otra parte, son palabras mayores. Es un arte vivo, expuesto en directo, no permite errores ni desencuentros. Ninguna función es igual a la anterior y es la verdadera prueba de fuego a nivel actoral. De todos los formatos es el que más respeto impone y también el más mágico». El gusto por la interpretación sale a borbotones por los poros. La convicción es firme: «Aspiro a desarrollar mi carrera con éxito en los distintos medios y para eso no me doy tregua. Echo ganas, formación y mucho compromiso».
«Me atraen los personajes complejos, con matices y recovecos»
Guiones y libretos ilusionantes alientan el camino. Y no hay medias tintas. La actriz, que se defiende con idéntica naturalidad en español e inglés (confiesa que, en la actualidad, le da caña al francés porque quiere que sea relevante en su carrera), admite que le atraen especialmente los personajes complejos, con matices y recovecos. Añade que el drama y el cine de época son géneros en el que se siente bastante cómoda, al igual que en la comedia («puedo ser bastante payasa»), la fantasía y la ciencia ficción. Su propósito, asevera, es el de no encasillarse para desarrollar un perfil versátil que posibilite «disfrutar de infinitas oportunidades y compartir historias potentes que transmitan».
La incertidumbre que genera cualquier inicio profesional es especialmente visible entre quienes se aventuran a vivir entre candilejas y objetivos de cámara. Hay vértigo. Y mucho («nunca sabes qué viene después y eso, a veces, impone»). Pero sustancial a él, crecimiento. Así lo siente esta joven artista con infinitas ganas: «La clave está en aprender a convivir en la industria y encontrar equilibrio sin perder nuestros valores».
Amenaza lluvia sobre Santa Cruz. La escultura Per Adriano, obra del escultor polaco Igor Mitoraj, inspira sueños americanos («Estados Unidos dispone de unos medios brutales y una proyección internacional que resulta muy atractiva para quienes nos dedicamos a esta profesión») y entendimiento para desarrollar una trayectoria internacional seria y de calidad. Al final, lo que más le interesa a Megan Tyler.
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