Los poppers son sustancias químicas (nitritos de alquilo) diseñadas originalmente como vasodilatadores. Al inhalar sus vapores producen una rápida dilatación de los vasos sanguíneos, acompañada de sensación de calor, euforia breve y relajación mus cular. Son populares en entornos de ocio nocturno, donde se valora su efecto de relajación muscular y aumento de sensaciones.
Su comercialización recreativa se realiza bajo nombres engañosos (Rush, Jungle Juice, Liquid Gold, Amsterdam o Everest Aromas) y en envases que camuflan su contenido. Se venden como ambientadores, limpiadores de cuero, limpiadores de pantallas de vídeo, quitaesmaltes o, simplemente, aromas.
Suelen adquirirse en sex‐shops, algunos head-shops y a través del comercio online. Pero no todo es subidón: inhalar poppers conlleva riesgos reales. Pueden provocar bajada brusca de la presión arterial, taquicardia, mareos, dificultad respiratoria o reducción del oxígeno en sangre. Sus efectos se agravan si se combinan con otros vasodi latadores o medicamentos. Además, el contacto con piel, ojos o mucosas puede causar quemaduras o daños graves.
Con información clara y sin tabúes es posible valorar los riesgos y tomar decisiones informadas, evitando que la curiosidad se convierta en daño.
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